1.
Para que nos resulte posible un conocimiento a fondo de
lo que es un cristiano y de la forma en que se tiene que
actuar en relación con la libertad que Cristo le
ha conquistado y donado y de la que tanto habla san Pablo
comenzaré por establecer estas dos conclusiones:
el
cristiano es un hombre libre, señor de todo y no
sometido a nadie;
el
cristiano es un siervo, al servicio de todo y a todos
sometido.
...Estas
dos afirmaciones son claramente paulinas. Dice el apóstol
en el capítulo 9 de la 1 carta a los Corintios:
«Soy libre en todo y me he hecho esclavo de todos».
En Romanos (cap. 13): «No contraigáis con
nadie otra deuda que la del mutuo amor». Ahora bien,
el amor es siervo de aquel a quien ama, y a él
se halla sometido; por este motivo, refiriéndose
a Cristo, dice (Gál 4): «Dios ha enviado
a su hijo, nacido de mujer, y le ha sometido a la ley»
.
2.
Para comprender estas dos afirmaciones contradictorias
sobre la libertad y la servidumbre, tenemos que pensar
que el cristiano consta de dos naturalezas, la espiritual
y la corporal. Atendiendo al alma, es denominado hombre
espiritual, nuevo, interior; se le llama hombre corporal,
viejo y exterior en relación con la carne y la
sangre. A causa de esta diversidad tiene la Escritura
palabras que se contradicen, según se refieran
a la libertad o a la servidumbre, como he dicho ya.
3.
Ocupémonos en primer lugar del hombre interior
y espiritual; veremos así lo que se requiere para
que un cristiano pueda decirse y ser justo y libre. Es
evidente que nada que sea externo llámese como
se llame puede justificarle y hacerle libre, porque su
bondad y su libertad, al igual que su malicia y su cautiverio,
no son realidades corporales y externas. ¿Qué
ventaja reporta al alma que el cuerpo esté libre,
en buenas condiciones, rebosante de salud, que coma, beba
y viva como le venga en gana? Y al contrario, ¿en
qué se perjudica el alma por el hecho de que el
cuerpo se encuentre cautivo, enfermo, abatido y que contra
lo que quisiera esté hambriento, sediento y agobiado
por las penalidades? Nada de ello afecta al alma ni contribuye
a su liberación o cautiverio, a hacerla justa o
injusta.
4.
De igual manera, de nada le sirve al alma que el cuerpo
se vista de ornamentos sagrados como hacen los curas y
eclesiásticos, que more en iglesias y lugares santos,
que trate cosas sagradas; ni tampoco que rece corporalmente,
que ayune, que peregrine, que haga todas las buenas obras
que pueda realizar siempre en y por el cuerpo. Es algo
muy distinto lo que se exige para conferir al alma la
justicia y la libertad. Todas estas cosas, obras y actitudes
sobredichas puede poseerlas y ejecutarlas también
un impío, un simulador o un hipócrita; lo
único que de ellas puede salir es un pueblo de
hipócritas, y, viceversa, en nada se perjudica
el alma si el cuerpo viste prendas mundanas, si anda por
lugares profanos o si come, bebe, no peregrina ni reza
y prescinde de todas esas obras que hacen los mencionados
hipócritas.