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A
nuestro muy invencible Emperador, Cesar Augusto, señor
compasivo y piadoso.
Como
Vuestra Majestad ha convocado una dieta del Imperio aquí
en Augsburgo para deliberar sobre las medidas que se deben
tomar contra los Turcos, el enemigo más antiguo y
atroz de la religión y el nombre de los cristianos,
y en qué manera contestar y contraponer su furor
y asaltos por medio de una provisión militar fuerte
y definitiva; asimismo deliberar sobre las disensiones en
lo concerniente a nuestra santa religión y fe cristiana,
de manera tal que las opiniones y juicios de las partes
puedan ser oídas en la mutua presencia. De esta manera,
consideradas y sopesadas entre nosotros en mutua caridad
y respeto, podamos, luego de haber removido y corregido
las cosas que hemos tratado y entendido diversamente, volver
a la única verdad y concordia cristiana y de esta
manera abrazar y mantener la única y pura religión,
estando bajo el único Cristo y presentar batalla
bajo El, de manera que podamos también vivir en unidad
y concordia en la única Iglesia Cristiana. Y ya que
nosotros, el subscrito Elector y Príncipe, con otros
que se nos han unido, hemos sido convocados a la dicha Dieta,
como también otros electores, príncipes y
estados, en obediencia del Imperial mandato, hemos prontamente
acudido a Augsburgo y -sin querer jactarnos por ello- hemos
estado entre los primeros en llegar. Acordemente, también
aquí en Augsburgo al principio mismo de la Dieta,
Vuestra Majestad Imperial propuso a los Electores, Príncipes
y otros estados del Imperio, entre otras cosas, que varios
estados del Imperio, debieran presentar sus opiniones y
juicios en idioma germano y latino. El miércoles
fue dada contestación a Vuestra Majestad diciendo
que para el siguiente miércoles, ofreceríamos
los artículos de nuestra confesión. Por lo
tanto, obedeciendo los deseos imperiales, presentamos en
esta cuestión sobre la religión, la Confesión
de nuestros predicadores y la nuestra, mostrando qué
doctrina de las Sagradas Escrituras y la pura Palabra de
Dios ha sido enseñada en nuestras tierras, ducados
y dominios y ciudades y enseñada en nuestras iglesias.
Y si los otros Electores, Príncipes y estados del
Imperio presentan, siguiendo la dicha proposición
Imperial, escritos similares en latín y alemán,
dando sus opiniones en materia de religión, nosotros,
juntos con los dichos príncipes y amigos, estamos
preparados para conferir amigablemente delante de tí
nuestro Señor y Majestad Imperial, acerca de los
caminos y medios para llegar a la unidad, tanto como pueda
honorablemente hacerse. De esta manera, discutiendo pacíficamente
sin controversias ofensivas, podamos alejar con la ayuda
de Dios la disensión y ser devueltos a la única
religión verdadera. Puesto que todos estamos bajo
un solo Cristo y damos batalla por El, deberíamos
confesar al único Cristo según el tenor del
edicto de Vuestra Majestad Imperial y todo debe conducirse
de acuerdo a la verdad de Dios; y esto es lo que con fervientes
oraciones pedimos a Dios. Sin embargo, en relación
al resto de los Electores, Príncipes y Estados, que
constituyen la otra parte, si ningún progreso se
llegara a hacer, o algún resultado se obtuviera por
medio de este diálogo en la causa de la religión,
siguiendo la manera en que Vuestra Majestad Imperial ha
sabiamente dispuesto, es decir mediante la presentación
de escritos y discutiendo pacíficamente entre nosotros,
dejamos al menos claro testimonio que de ninguna manera
nos estamos oponiendo a ninguna cosa que pudiera traer la
concordia cristiana -tal como puede realizarse con Dios
y por medio de una buena conciencia- como también
Vuestra Majestad Imperial y los otros Electores y Estados
del Imperio y todos los que estuvieran movidos por un sincero
celo y amor por la religión y que tuvieran una visión
imparcial sobre el tema, podrán graciosamente dignarse
a tomar nota y entender esto por medio de esta Confesión
nuestra y de nuestros asociados. Vuestra Majestad Imperial,
no una vez, sino frecuentemente ha graciosamente hecho saber
a los Electores, Príncipes y Estados del Imperio
y en la dieta de Espira celebrada el año del Señor
de 1526, de acuerdo a la forma de vuestra instrucción
y comisión Imperial dada y proclamada allí,
que V. M. en tratar con este asunto de la religión,
por ciertas razones que fueron alegadas en nombre de V.
M., no estaba dispuesto a decidir y no podía determinar
nada por sí, sino que V. M. usaría de su oficio
para con el Romano Pontífice para convocar un Concilio
General. El mismo asunto fue hecho público más
extensivamente hace una año en la última Dieta
que se reunió en Espira. Allí Vuestra Majestad
Imperial, a través de su Excelencia Fernando, Rey
de Bohemia y Hungría, nuestro amigo y Señor,
como también a través del Orador y los Comisarios
Imperiales, hizo saber que V. M. había tomado nota
y ponderado la resolución del representante de V.
M. en el Imperio y del presidente y consejeros Imperiales
y los legados de otros estados reunidos en Ratisbona, concerniente
a la convocación de un Concilio, y que V. M. había
también juzgado ser necesario convocar un Concilio
y que también V. M. no dudaba que el Romano Pontífice
podría ser inducido a celebrar el Concilio General
porque los asuntos que debían acomodarse entre V.
M. y el Romano Pontífice estaban llegando a un acuerdo
y cristiana reconciliación. Por lo tanto V. M. por
sí mismo expresó que buscaría asegurarse
el consentimiento del Pontífice para convocar dicho
Concilio General tan pronto como fuera posible, mediante
cartas que deberían ser enviadas. Por lo tanto, si
el resultado de nuestro encuentro fuera tal, que las diferencias
entre nosotros y las otras partes en lo concerniente a la
religión, no pudiera ser enmendado caritativamente
y amigablemente, entonces aquí, ante Vuestra Majestad
Imperial, nos ofrecemos en toda obediencia, además
de lo que ya hemos hecho, que nos haremos presentes en dicho
Concilio Cristiano libre para defender nuestra causa de
acuerdo a la concordia que siempre ha habido de votos en
todas la Dietas Imperiales celebradas durante el Reino de
V. M. por parte de los Electores, Príncipes y otros
estados del Imperio. A la asamblea de este Concilio General
y al mismo tiempo a Vuestra Majestad Imperial, nos hemos
dirigido, aún antes de esta Dieta y en manera propia
y forma legal, y hecho demanda sobre este asunto, de lejos
el más importante y el más grave. A esta demanda,
dirigida tanto a V. M. como al Concilio seguimos adhiriendo;
no sería posible, ni estaría en nuestra intención
dejarla de lado por medio de este u otro cualquier documento,
a menos que el asunto entre nosotros y la otra parte, de
acuerdo al tenor de la última citación Imperial,
fuera amigable y caritativamente solucionado y traído
a cristiana concordia. Con respecto a esto último
nosotros solemnemente y públicamente damos fe.
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