Una palabra sobre

La Cautividad Babilónica de la Iglesia

...La ignorancia es el campo de batalla en el que el Mal trota a sus anchas, y la incredulidad el arma definitiva bajo cuya maza el Bien cae destrozado. No es una acusación contra nadie. Todos nacemos sin conocimiento de las profundidades "del trono de Satán". Aprendemos mediante la experiencia a conocer la vastedad de la mente entregada a hacer el mal y dispuesta a vivir de sus frutos. Es una ley de la que no escapa nadie. Todos, sin excepción, nacemos encadenados al muro de las circunstancias. Lo que nos diferencia a unos de otros es la capacidad de romper las cadenas que nos atan a ese muro. Y lo que nos separa la voluntad de alcanzar la libertad. La lucha entre el Bien y el Mal, en última instancia, no tiene más objetivo que liberar al ser humano de las fuerzas que inhiben esa voluntad innata.

...La lectura de la Cautividad babilónica de la Iglesia puede leerse desde dos plataformas. Desde una el ignorante, encadenado a la roca de su esclavitud, que toma por roca de fundación de su fe, viene a hacerse una cosa, en cuanto que parte a favor o en contra, del discurso luterano, y enajenado de sí mismo, de su humanidad, de su espiritualidad incluso, durante el acto mismo de la crítica se olvida de la ley más elemental de la Historia, a saber: la Historia es la Memoria de la Humanidad, simplemente, todo eso y nada más que eso.

...Desde la otra plataforma, el hombre libre, y porque es libre es sabio, asiste a la activación de la Memoria que la Cautividad contiene sin dejarse arrastrar por el discurso, pero... pero contemplando en toda su fuerza el cuadro que con sus signos y letras el autor nos envía.

...En el mundo de las Letras el genio transforma el lápiz en pincel y mediante su arte capta, fotografía el alma de su tiempo y la proyecta al futuro para maravilla y horror de las generaciones que él no conocerá pero que con toda certeza se servirán de su obra como de nave para viajar por los siglos: estación final el espacio de vivencia propia del escritor.

...Universalmente reconocido el genio literario de Martín Lutero hay que ser un ignorante o un cobarde para no subirse a la nave y viajar a los tiempos en el auge de cuya vorágine fuera escrito este libreto. Independientemente de la parte que se le adjudique a lutero en el conflicto causante de la división de la cristiandad europea occidental en dos mitades, y en guerra civil fratricida perpetua durante los cinco siglos siguientes, Lutero, el escritor, captó, fotografió y proyectó al futuro una realidad viva, un hecho histórico, del que él mismo fue un efecto, a saber: la tercera y más terrible de las negaciones del obispo romano contra el espíritu de la Fe, escándalo horroroso que provocó en los testigos de aquélla negación la repugnancia más fogosa y extrema concebible, esto es, la ruptura con los sucesores legítimos de los Apóstoles.

...Como si dijéramos que el pueblo escandalizado por la Huida de los Discípulos se hubiera levantado contra ellos por haber abandonado a su Maestro y se hubiera ensañado, especialmente, con San Pedro, bajándolo del estrado en que se subiera a proclamar la Resurrección de su Señor, para matarlo, Lutero, al frente de la revuelta, y aún conmocionado por el infinito dolor de la pérdida de su Salvador, abandonado por ese mismo cobarde que ahora pretendía levantarse como Jefe Universal de todos los cristianos de la Tierra, sobre los que pretendía imponer su filosofía de la cobardía y de la traición al mismo que ahora bendecía elevándolo hasta el mismo trono de Dios, más o menos, tal vez menos que más, Lutero y su pueblo se avalanzaron contra los sucesores de los Discípulos les declararon la guerra, conjurándose parta mandarlos a todos al infierno que ya ardía.

...Lutero, como si dijéramos que hiciera de garganta en el que el eco de ese escándalo alcanzó su fuerza más rotunda y vasta, escribió este libreto sumido en las llamas del celo que le consumía por la Fe. Si es dura su acusación tengamos en cuenta que no menos dura fue la Huída de los Obispos Romanos de sus Deberes para con Cristo y su Negación de la Verdadera Doctrina del Evangelio de Jesús, su Señor, cuya gloria pisó Roma con las botas de aquél diablo que la Historia conoció como Alejandro VI. A quien le suene dura la acusación que durante cinco siglos ha recorrido las llanuras del reino de Dios en la Tierra piense que debe ser terrible absolver al diablo y maldecir a su acusador. En este extremo, Lutero, el escritor, recoge una realidad, un hecho, que proyecta al futuro de la única manera que puede y como sólo un escritor sabe hacerlo, transformando la realidad en signos y letras.

...A quienes por cuestión de cadenas de cuna el nervio le vibre al son que le marca el ritmo de las palabras de un muerto, y en su ignorancia deviene un apéndice del gong en el cementerio donde unos y otros enterraron la Unidad del Cristianismo, recuerden éstos que la Huída estaba escrita antes que los Discípulos comprendieran hacia dónde iba su Maestro. Que la Necesidad de la Muerte de Cristo no podía ser abolida por nada ni nadie en este mundo. De manera que nadie pueda pretender ser más que nadie cuando Dios anda por medio.

...Los inmensos errores doctrinales en los que Lutero cae en este libreto deben juzgarse desde el celo que le hizo hervir la sangre y extremó su conciencia tanto más cuanto más cerca estuvo de aquél trono bajo cuyas patas los obispos romanos aplastaron la gloria milenaria de la Iglesia Católica. En esto pasa como en todas las cosas; la resistencia invencible extrema las oposiciones y al final el juez acaba, por impotencia para hacer justicia, deviniendo él mismo en verdugo, y por tanto cometiendo el mismo delito por el que se levantara en juicio invocando la ley. Esta fue la trampa en la que el Diablo atrapó a Lutero. Si por esto es Lutero culpable de romper la Unidad cristiana, la culpabilidad de quienes pusieron en las manos del Diablo esta trampa, ¿será de qué grado?

...Mi pensamiento a la hora de poner sobre la mesa este libreto, de acceso maldito para el mundo católico hasta nuestros días, y reverenciado como si fuera palabra de Dios por el mundo protestante, mi intención es separar el Hecho del Derecho, asumiendo el efecto por la causa, extraer del hombre las consecuencias de la Historia sobre su conciencia, para descubrir en la fuerza invencible que moviera los hilos de su respuesta viva a su tiempo el factor ajeno en base al cual el mundo es lo que vemos y frente a cuya fuerza, porque le era imposible al hombre superarla, se dio la Necesidad de la Encarnación del Hijo de Dios, sin el cual, de no haber su Padre estado por nuestra causa, ni Lutero ni Alejandro VI, ni yo ni vosotros estaríamos aquí para contarlo.

...La cuestión que se debe responder cada cual es de esta naturaleza: En el caso que sigue quién debe ser por derecho considerado el verdadero culpable de la muerte de un tercero: quien aprieta el gatillo arrastrado por un dolor invencible y cegado por una fuerza enajenante, causado por un segndo, comete un delito de muerte, ¿o por derecho el verdadero culpable de la muerte de la víctima en auto será el autor de la herida cuyo efecto determinara la causa del homicidio?

...La Verdad sólo tiene un Camino. Es el Camino que he elegido para descubrir los errores que sembrara Lutero hablando de la Cautividad de la Iglesia. Y como nadie es perfecto, alumbrar sus aciertos a fin de arrancarle un clavo a la viga que tienen en los ojos aquéllos a quienes se les prohibió bajo pena de infierno leer siquiera este libreto, y pensar en Lutero como un reformador en toda la extensión de la palabra. Leamos ante su acusación para mejor medir luego sus palabras.

C.R.