Contra los 32 artículos de los teologastros de Lovaina
(1545)
1. Es impío y engañoso todo lo que en la iglesia de Dios se enseña sin contar con el apoyo de la palabra.
2. Es impío y herético establecerlo como artículo de fe.
3. Si alguno lo cree es un idólatra, y está rindiendo culto al diablo en lugar de rendírselo a Dios;
4. porque san Pablo ha sentenciado que las doctrinas de los hombres están en pugna con las de Dios.
5. Los herejes e idólatras lovanienses afirman sin respaldo en la Escritura que son siete los sacramentos.
6. El bautismo es un sacramento que hay que administrar tanto a los adultos como a los niños para remisión de los pecados y para la salvación eterna.
7. Debe ser condenada como herética, sin embargo, la doctrina que la sinagoga de los de Lovaina sostiene acerca del bautismo.
8. Condenamos como herético el espíritu de los anabaptistas, por cuanto rechaza la verdad del bautismo al condicionarla a los vicios y a la indignidad de los hombres;
9. porque, de la misma forma, habría que condenar al magistrado y al que predica la palabra a causa del pecado y de la indignidad personal. Esto sería pernicioso.
10. Resulta estulto el razonamiento siguiente: «el bautizando no cree o es indigno; luego nulo será el bautismo administrado».
11. Aunque las premisas de esta consecuencia en relación con los niños sean falsísimas y temerarias,
12. sin embargo, no es menos cierto que nuestros rapazuelos nunca podrán rechazar a esta secta ni a ninguna otra a base de doctrina y de erudición escriturística.
13. Y de esta forma lo condenan sumariamente, es decir, a espada y fuego, con la muerte y la sangre de los ciudadanos, según reza la Escritura: «Sus pies se apresuran a derramar sangre».
14. Estas son las armas espirituales de su ejército; de esta suerte no precisan dedicarse al estudio de las Escrituras y pueden continuar con su indoctísima sofistería.
15. En el sacramento venerable y adorable de la eucaristía están, se muestran y se toman real y verdaderamente el cuerpo y la sangre de Cristo, tanto por los que son dignos como por los indignos.
16. Es condenable y abominable la doctrina de los pilluelos lovanienses sobre el uso de este sacramento, ya que está llenísima de profanación, de herejía, de idolatrías.
17. Para recibirle dignamente es necesaria la fe, en virtud de la cual se cree con firmeza a Cristo que promete la remisión de los pecados y la vida eterna, como lo dicen con claridad las palabras de este sacramento.
18. Sin motivo alguno, sin apoyo en la Escritura, y sólo por mera vanidad de estos tunantes se enseña la transubstanciación del pan y del vino.
19. Robar la otra especie (del vino) a los laicos, a quienes el propio Cristo confió íntegro el sacramento, es un sacrilegio horrendísimo y una tiranía satánica.
20. En este sentido, el charco maldito de los de Lovaina se enfurece inhumanamente contra la propiedad y las personas que no dependen de ellos, y lo hace no sólo de espaldas a la Escritura, sino contra el mandato expreso de Dios.
21. Contra lo que se inventa el furor de los lovanienses, no sancionó esto la iglesia, puesto que los laicos, que son la mayor parte de la iglesia, se ven forzados a padecer esta violencia perpetrada por el lodazal de hombres pésimos y por una escasísima minoría de esta iglesia; mejor dicho, por ningún sector de la iglesia, sino por parte de todos los diablos.
22. No se apoya en la Escritura la doctrina de que la misa es un sacrificio. Y puesto que carece de la autoridad de las Escrituras, se puede rechazar con la misma facilidad con que se aprueba, por usar de las palabras de san Jerónimo.
23. Es herético y blasfemo ofrecer misas por los difuntos, y está mintiendo soberanamente el charco de los de Lovaina cuando afirma que fue algo instituido por Cristo.
24. Cristo mandó esta comida y esta bebida para esta vida; pero los muertos no comen ni beben.
25. San Agustín no quiso que sus libros, ni los de nadie, se pusiesen en plano de igualdad con las sagradas Escrituras, ni que sus sentencias se aceptasen como dogmas de fe.
26. ¿Cómo se explica entonces la arrogancia diabólica de estos pillos con los que no dependen de ellos, sino de Cristo, por la que osan hacernos equiparar las opiniones humanas y suyas con los artículos de la fe o incluso ponerlas por encima de éstos?
27. Juzgamos que los zwinglianos y todos los sacramentarios son formalmente herejes y que están fuera de la iglesia, ya que niegan que en la venerable eucaristía se reciba el cuerpo y la sangre de Cristo por la boca carnal;
28. no obstante, las refutaciones de los de Lovaina, sanguinarias e incendiarias, son más propias del parricidio que de la erudición, erudición de la que carecen totalmente en cuanto a la sagrada Escritura se refiere.
29. Porque ¿qué artículo herético van a refutar esos, que están llenos y rebosantes de herejías, blasfemias e idolatrías incontables?
30. No de la Escritura sino de doctrinas humanas sale todo lo que eructan, vomitan y cagan en una iglesia que no es la suya, sino la del Dios vivo.
31. Han tomado, por tanto, las furias de Lovaina a la iglesia, habitáculo de Dios, por su cloaca particular; en ella, como señores suyos, echan su estiércol con el que la matan. ¡Furor de los furores!
32. Que la confirmación sea un sacramento es algo que se afirma sin apoyo en la Escritura, y miente la sentina lovaniense al decir que ha sido instituida por Cristo.
33. Sabemos que los hombres buenos y píos nunca desearon que, por estar aún sujetos a la carne, sus sentencias se tomasen por dogmas o sacramentos y que, de haber sido advertidos, se hubieran expresado de otra manera.
34. Con gusto confesamos que la penitencia, junto con la potestad absolutoria de las llaves, es un sacramento. Posee, en efecto, la promesa y la fe de la remisión de los pecados por Cristo.
35. Los de Lovaina, al rechazar esta fe, son apóstatas, blasfemos peores que los turcos, que los judíos, que los paganos.
36. La penitencia enseñada por los lovanienses, o sea, la que consiste en la contrición, confesión y satisfacción, no es otra cosa que ese artefacto de desesperación de Judas, Saúl y otros semejantes. Por tanto, ha de ser condenada como herética.
37. No supieron en qué consisten la contrición, la confesión, la promesa o la fe, ni se podrá aprender en este estercolero y cloaca de los lovanienses, puesto que todo lo que dicen carece del respaldo de la Escritura.
38. No hay libertad para el bien; el decir que con la ayuda de la gracia se puede tender hacia él no es más que salir por la tangente y responder muy escolásticamente a lo que no se pregunta.
39. El rito de ordenar a los «míseros sacrificantes», es decir, a los crucificadores de Cristo, es una confusión diabólica.
40. El orden no es un sacramento; es sólo un ministerio y una llamada de los ministros de la iglesia (1 Cor 12), y no contiene la promesa de la remisión de los pecados.
41. Esa vocación se realiza sólo por la iglesia, sin necesidad de tonsuras, de unciones y demás mascaradas que la humana osadía hace aparecer como sagradas y precisas.
42. La extremaunción no es sacramento. Ni que decir tiene que no fue instituida por Cristo, contra lo que gruñen nuestros chiquillos.
43. Constituye una impiedad enorme y un tremendo ultraje perpetrado contra Cristo afirmar que una cosa es sacramento, pero que, sin embargo, no se requiere para la salvación.
44. Decir que el matrimonio es sacramento carece de apoyo en la Escritura; nuestros maestrillos lo han copiado del Espejo de Marculfo.
45. El matrimonio, en realidad, es una institución, un don, una ordenación divinos, como lo son el gobierno civil y los magistrados.
46. Ninguna potestad tiene el papa ‑mucho menos la tendrán estos brutos rapazuelos‑ para establecer o definir nada relativo a las causas matrimoniales. ¿Cómo la van a tener, además, dada su rudeza y su ignorancia?
47. Es una verdad que no hay más que una sola iglesia católica en la tierra; pero no pertenecen a ella los heréticos e idólatras lovanienses ni su ídolo abominable el papa.
48. La iglesia del papa y de estos maestrillos es más exactamente una piara de lobos, enemiga sanguinaria y devastadora de la iglesia de Cristo.
49. A la fuerza tienen que ser los de Lovaina puercos gordísimos de Epicuro y totalmente ateos, vista la osadía, la desvergüenza con que mienten y blasfeman ante Dios y los hombres.
50. Su propia conciencia les es testigo de que el papado no solamente carece de respaldo escriturístico, sino que se introdujo en la iglesia contra la palabra.
51. Tenemos, además, la realidad misma que, contra lo que tan desvergonzadamente afirman los capuchas lovanienses, comprueba que el papa jamás fue la cabeza de la iglesia universal.
52. Lo que dicen en su artículo 21 y en los ocho siguientes es perfectamente «marcólfico»; además de ser blasfemo e idolátrico, sólo es visible en el Espejo de Marcolfo.
53. En cuanto a los difuntos y al purgatorio, ¡qué seguros están estos orondos rapaces de que los que ayer cayeron del cielo en breve salen del infierno!
54. Y es que una vez que han rechazado las Escrituras y se han tomado por su cuenta licencia para convertir en dogmas los sueños y vanidades humanas, ya no tienen mesura ni fin sus artículos de fe.
55. Los votos, primordialmente los monásticos, y el celibato, son invenciones humanas sin respaldo en el mandato y en la palabra de Dios; son un abismo de perdición.
56. Lo que se promete con voto es falacia e hipocresía, de la que derivan frutos tan dignos de esta religión como son el pudor, la santidad, la piedad de Roma y de las asociaciones.
57. De forma que son más castos los burdeles de las rameras y los lupanares de las meretrices que los de la Sodoma romana y los de la Gomorra de los monasterios.
58. Su pobreza equivale a la rapiña de toda la tierra y las riquezas del mundo, conforme a lo escrito: «He aquí que los pecados lograron riquezas abundantes en este mundo».
59. No poseerían todo esto de no ser vientres heréticos, idólatras y blasfemos.
60. La obediencia consiste en hacer lo que agrada principalmente a nuestro maestro, que es el señor de la iglesia y a quien están sometidos los reyes.
61. San Pedro y san Pablo entendieron la libertad evangélica como una liberación no sólo del pecado y de la muerte, sino también de las cargas establecidas en la ley mosaica y, por supuesto y con mayor razón, del estiércol de tradiciones y opiniones humanas;
62. pero serán declarados, y con razón, como herejes por la insigne facultad, ya que no fueron «coronados» por Lovaina ni conocieron a su Marcolfo.
63. La fe, por la que uno se convence de que los pecados se le han perdonado por Cristo, es necesaria en todo sacramento y en toda la palabra.
64. Es muy sutil y de «maestrillos» lo que la insigne universidad de los lovanienses afirma, es decir, que a lo anterior se oponen las Escrituras.
65. Y es que en este caso concreto la Escritura significa estos tres sacramentos de los rapazuelos: el birrete, el hábito talar y la capucha.
66. Esta clase de escritura se opone a la fe; pues bien, ellos son maestros en esta escritura de la cual extrajeron y concluyeron sus 32 artículos.
67. Quizá prefieren que los pecados se remitan a base de incredulidad y por Belzebú, el príncipe de los demonios.
68. Vemos aquí con toda claridad que los bestias lovanienses han rechazado sencillamente la religión cristiana y que son en su corazón unos paganos perdidísimos.
69. Sólo hacen bien una cosa, y es que, una vez que han rechazado a Cristo, para no ser ateos del todo se inventan dioses nuevos, invocan a los muertos, sin importarles que sean santos o no lo sean.
70. No les arredra que por justo juicio de Dios ‑cuya palabra desprecian y blasfeman‑ cada pueblo tendrá los dioses que se merezca;
71. de forma que se les puede ridiculizar como hizo Elías: «Gritad más a ver si os hacen caso; son dioses, están de cháchara, tendrán algún asunto o acaso están de viaje o durmiendo».
72. ¡Con qué torpeza y con qué infamia eterna afean el nombre clarísimo y los tiempos del emperador Carlos, príncipe de tantos pueblos, al querer insinuar que ha confirmado estas sacrílegas y satánicas monstruosidades suyas!.
73. No compete a los reyes o príncipes confirmar la doctrina verdadera, sino someterse a ella y servirla, como se dice en el Salmo 2: «Y ahora, reyes, escuchad: aprended, jueces de la tierra».
74. Mucho menos será competencia suya confirmar o defender los dogmas impíos, blasfemos, idolátricos; por el contrario, tendrán que combatirlos y condenarlos con la iglesia.
75. Aprende, por tanto, hermano cristiano, por este ejemplo misérrimo de los de Lovaina, a desconfiar de la doctrina de los hombres y a atender con más diligencia a las sagradas Escrituras.
He dicho, y en breve, con la ayuda de Dios, diré muchas cosas más.