BIBLIOTECA TERCER MILENIO

LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO
 

SÉPTIMA PARTE

 

Sobre la  Razón Clara

 

El nacimiento de la edad atómica trajo a luz la falacia suicida sobre cuyo teorema demencial las naciones se dejarían arrastrar al holocausto de la segunda guerra mundial. En pocas palabras: En el mundo del Derecho la inocencia se mantiene hasta que no se demuestre lo contrario. Sobre este principio se mantiene a salvo la manipulación de la justicia por los poderosos y por los que pueden comprar a los jueces. Pero este principio aplicado al mundo de la ciencia se transforma en una falacia demencial cuando se pretende mantener la veracidad de una hipótesis hasta que no se demuestre su falsedad.

Negando la esencia misma del espíritu científico, que trabaja con hechos frutos de la experiencia, y movidas por el fracaso de la ciencia para descubrir la verdadera faz de la realidad universal, e incapaces de reconocer esa imposibilidad para con sus propias fuerzas alcanzar la verdad subyacente en la estructura del cosmos, las primeras generaciones científicas del siglo XX concibieron el teorema suicida que salvaba la doctrina de la omnipotencia de la Razón predicada en el siglo XIX de la quema y les adjudicaba la victoria pasajera del que tiene la verdad mientras no se les demuestre lo contrario.

No se puede refutar científicamente lo que científicamente no se puede demostrar. Personalmente no creo que haya que ser un genio para desenmascarar la falacia ideológica con la que, para paliar su fracaso y no reconocer la imposibilidad de la Razón humana para sin su Creador alcanzar la Verdad, los científicos de las primeras generaciones del siglo XX elevaron a los altares. Como no voy a seguirle el juego a aquéllos genios que pusieron la ciencia al servicio del más fuerte, la Alemania de Hitler, y cuando olieron la derrota se limpiaron las manos, quien huyendo a la Rusia de Stalin, quien a la América del Tío Sam; como no voy a entrar en el juego de la refutación científica de una hipótesis sin ningún fundamento científico sí quiero resaltar dos cosas. La primera, que en la gran batalla final entre los dos monstruos apocalípticos hubo un factor común. Ni más ni menos que el haber sido sus pueblos los apóstoles del odio al mundo católico durante los siglos que precedieron a la forja y fragua de sus mundos. El mundo ortodoxo ruso, heredero del antiguo mundo bizantino, en el que el odio al mundo católico se convirtió en odio al mundo occidental, y la nación protestante por excelencia en la que el odio al mundo católico se transformó en la ideología de la superioridad de la raza, como un fuego que se devora a sí mismo se devoraron entre ellas.

Fenómeno curioso que nos enseña cómo el odio no muere sino que se trasforma; y cómo si la verdad engendra la paz de la guerra tenemos que deducir su origen, la mentira.

Pero dije que tenía dos cosas a señalar, la primera ha sido el fenómeno tan curioso de haber sido precisamente las dos iglesias que se declararon las más santas y condenaron a la iglesia católica al infierno por ser el verdadero anticristo, precisamente ellas fueron las que sufrieron el milagro de la transformación de sus pueblos en verdaderos monstruos. Y la segunda cosa que tenía que decir es que aquel teorema fundamental del materialismo científico de la edad atómica no fue un invento de la Ciencia en cuanto ciencia. El primero que lo usó en su terreno y demostró el poder de semejante falacia fue precisamente el Lutero que retó al mundo católico entero a refutar desde la Sagrada Escritura lo que desde la Sagrada Escritura no se podía demostrar. Que la ciencia alemana rescatara un teorema que por herencia le pertenecía a la nación alemana no es ninguna casualidad. Sin embargo dejemos que hablen los hechos y no las palabras.

 

Refutación de la tesis 1: Que cuando Jesucristo dijo “haced penitencia” no quisiera decir que el Reino de los cielos es alegría, felicidad, exaltación, confraternización, fortaleza, entendimiento, sabiduría, inteligencia, amistad, amor más fuerte que la tormenta y el huracán y los temblores de tierra y los golpes e incluso que el martirio, y en función de la alegría futura soportar el dolor pasajero, esto no es demostrable ni por la razón clara ni por la Sagrada Escritura. No hay que más que abrir la Biblia y ver la respuesta de todos los que le conocieron y le siguieron hasta el fin del mundo para comprenderlo. Que quisiera decir que el Reino de los cielos no es sino miseria de alma y de espíritu, caras largas, corazón siempre agobiado por lo malo que fuimos y cosas por el estilo, para demostrar esto tendríamos que preguntárselo al propio Jesucristo. ¿Cómo refutar mediante la Sagrada Escritura lo que tiene su fundamento en la mente de alguien que la interpretó según su peculiar punto de vista? Entonces si mañana viene un Lutero II y dice otra cosa ¿habrá que condenar al infierno por anticristo al Lutero I porque el Lutero II lo diga? Y si más delante todavía viene un Lutero III y jura que ni el I ni el II fueron buenos ¿qué haremos, tiraremos al I y al II a la basura? ¡Genial! La cuestión es porqué interpretar lo que Jesucristo dijo. Jesucristo está ahí para responder por sí mismo sobre lo que dijo, ¿por qué no preguntárselo a El y que El diga qué es lo que quiso decir y dice?

 

Refutación de la 2: Cuando Jesucristo comparó el Reino de los cielos con algo lo hizo con el mundo de los niños para señalarnos que esa vida llena de fuerza con el mundo entero por delante, es la fuerza que opera por el Bautismo y trae esa nueva vida cuya vocación es la vida eterna. ¿Porqué buscar en la Sagrada Escritura demostración o refutación de lo que forma parte de la experiencia? A no ser, claro, que no se haya nacido del Espíritu.

 

Refutación de la 3: Que cuando Jesucristo dijo haced penitencia quisiera decir que amén de llevar una vida interior miserable exteriormente debemos coger el látigo y suministrarnos una paliza de vez en cuando no se puede refutar por la Sagrada Escritura porque la Sagrada Escritura no está al servicio de los dementes. Pero si hay entre todos los santos vivientes de la iglesia alemana alguno que pueda demostrar con sus Artes filosóficas y teológicas que Jesucristo predicó el masoquismo perpetuo como penitencia sacramental no se calle y responda.

 

Refutación de la 4: Que Jesucristo predicara el odio al Yo propio hasta la muerte no se puede refutar por la Sagrada Escritura porque no se puede demostrar por la Sagrada Escritura lo que la Sagrada escritura no contiene. Que Jesucristo predicara el amor al Yo propio como condición de amor al prójimo y como salvación de la dignidad personal ante el ataque de quienes buscan la transformación del hombre en un monstruo, esto sí se puede demostrar por la Sagrada Escritura. De todas formas mantengo lo dicho, ahí está El en persona para dar a conocer lo que quiso decir y lo que mantiene.

 

Refutación de la 5: Que el obispo de Roma, como cualquier otro sacerdote, puede remitir, es decir, perdonar las penas impuestas por él, y no las impuestas por Dios o la justicia humana, esto se demuestra por la Sagrada Escritura cuando Jesucristo dijo: “A los que les perdonéis los pecados les serán perdonados”. Es evidente que no puede remitirle la pena al Diablo. Ni puede remitirle la pena a quien un juez condena a prisión por su delito. La estupidez implícita en esta tesis no necesita refutación; se refuta ella sola.

 

Refutación de la 6: No se puede demostrar por la Sagrada Escritura, sino en base a la Fe, que lo que ate el sacerdote en la Tierra quede atado en el Cielo, y viceversa. Ni se puede refutar mediante la Sagrada Escritura que la culpa subsiste aunque el perdón sea otorgado. Lo que parece evidente a la inteligencia es que si un juez absuelve al delincuente aunque este no acepte la sentencia su delito queda anulado. Lo contrario es tomar al lector por imbécil.

 

Refutación de la 7: No se puede refutar por la Sagrada Escritura una declaración que no encuentra ningún fundamento en la Sagrada Escritura, ya que Dios, siendo Juez de toda su Creación, tiene la potestad de absolver sin necesidad de acompañar el ejercicio de su bondad con la humillación de aquél sobre el que extiende su misericordia. Lo que sí sabemos es que Dios sometió toda su Creación a su Hijo. Que se la sometiera a los siervos de su Hijo esto ya no es demostrable ni se puede demostrar por la Sagrada Escritura. Contra la Sagrada escritura Lutero estaba afirmando una mentira.

 

Refutación de la 8: Nada dice la Sagrada Escritura sobre cánones penitenciales. De manera que tampoco se puede demostrar nada sobre el particular. En este orden cada cual puede creer lo que mejor le convenga. Pero que a los moribundos ni basándose en los cánones ni basándose en ninguna regla deba imponérsele nada se demuestra por la ley de la caridad que, incluso en el mundo real, abre su misericordia a los delincuentes que se hallan al borde de la muerte. Otros sistemas judiciales, con todo, persiguen al delincuente hasta su lecho de muerte, cuando no sacan su cadáver de la tumba y lo profanan incluso.

 

Refutación de la 9: En nada y para nada puede demostrarse o refutarse que el Espíritu Santo nos beneficie en la persona del obispo de Roma en este capítulo. Que esta costumbre eclesiástica sea el precedente en el que la justicia social ha levantado su misericordia para con los moribundos, a los que absuelve y libera de su pena, es otra cuestión, que honra a la iglesia católica.

 

Refutación de la 10: Tampoco puede demostrarse ni refutarse por la Sagrada Escritura que un sacerdote haga bien o mal mandándole penas a la tumba al que se murió. Del hecho se deduce que o bien el muerto era más malo que un demonio o que el sacerdote tenía el corazón como una piedra y si en vida odió al difunto en muerte le deseó lo peor. Cada cual, sacerdote u obispo, tendrá que responder de sus actos ante su Señor.

 

Refutación de la 11: No se puede refutar ni demostrar por la Sagrada Escritura que la transformación de la pena canónica en pena para el purgatorio fuera sembrada mientras los obispos dormían, pero sí puede demostrarse por la Sagrada Escritura que el Diablo sembró la suya mientras los Obispos lo hacían.

 

Refutación de la 12: Que la pena canónica debe imponerse antes de la absolución parece de cajón y consecuente con el espíritu de los primeros cristianos. Pero que la absolución del pecado deba estar condicionada a una pena canónica esto no se puede demostrar ni refutarse desde la Sagrada Escritura.

 

Refutación de la 13: Si los moribundos son absueltos de todas sus culpas entonces el Juicio de Dios sobre los muertos sería contra Justicia. Si por contra con la muerte los moribundos quedan libres de las penas canónicas contraídas en vida esto ni se puede demostrar ni se puede refutar por la Sagrada escritura porque nada dice la Sagrada escritura al particular. Lo que parece natural es que si quien tiene el poder para atar y desatar lo tiene, a diferencia del cuerpo que queda liberado de la sentencia por la muerte, el alma permanece sujeta a ese poder. Mientras quien ata y desata no haga lo propio la pena subsiste.

 

Refutación de la 14: Que conforme el hombre se acerca a la muerte mayor es su miedo a la posibilidad de la vida después de la muerte es de cajón. No hay que ser cristiano ni invocar a la Sagrada Escritura para demostrar o refutar semejante obviedad.

 

Refutación de la 15: Tampoco hay que acudir a la Sagrada Escritura para demostrar que ese horror a la muerte del que habla Lutero no es suficiente motivo de espanto a los ojos del que ama el mal. Afirmando que ese horror es suficiente para convencer a los hombres para dejar de hacer el mal Lutero niega la Sagrada escritura que dice que el miedo al Juicio no detuvo a Satanás.

 

Refutación de la 16: Nada dice la Sagrada Escritura de la diferencia entre el purgatorio, el Infierno y el Cielo, a no ser que el Cielo es felicidad y el Infierno castañear de dientes. Meterse a discutir semejante necedad es rebajarse al nivel del necio que sacó el tema creyendo soltar una gracia.

 

Refutación de la 17: Del necio son las necedades. Esto sí se puede demostrar bíblicamente. Que las almas de los muertos puedan sentir horror o caridad, de ninguna manera.

 

Refutación de la 18: Ni se puede demostrar bíblicamente que los difuntos estén excluidos de vida espiritual ni se puede refutar desde sus páginas lo contrario. Abrir un diálogo sobre el estado espiritual en el que se encuentran los difuntos, afirmando o negando sobre ellos, es argumentar por argumentar. Quien se toma en serio a tal charlatán no puede razonar bien.

 

Refutación de la 19: Más de lo mismo. Ninguno hemos vuelto de la muerte. Ninguno sabemos más de lo que creemos. Afirmar o negar en este terreno es seguirle la corriente a un necio. Si alguno puede demostrar con la Biblia en la mano si las almas de nuestros difuntos tienen consciencia o no de su estado de bienaventuranza, que alce la mano.

 

Refutación de la 20: Repetición de una tesis anterior en la que quedó claro que el obispo de Roma, lo mismo que cualquier sacerdote, no puede perdonar más que las penas impuestas en función de su ministerio y en razón del alcance de su poder para perdonar los pecados. De manera que si no puede imponer penas sin pecado sí puede absolver pecados sin imponer penas. Hasta donde alcance este Poder no lo dice la Sagrada Escritura.

 

Refutación de la 21: Yerra quien cree que puede comprar la absolución de su pecado. Esto sí se puede demostrar con la Sagrada Escritura en la mano. La Absolución Universal -siendo a lo que se refiere la indulgencia plenaria- sólo puede ser otorgada por el Juez Divino. Lo otro ni puede ser demostrado ni refutado desde la Biblia.

 

Refutación de la 22: Como hemos dicho, el obispo de Roma, lo mismo que sus consiervos, puede atar y desatar según la extensión de su alcance ministerial. Lo que ayer fue atado puede ser desatado hoy. Esto sí puede ser demostrado por la Sagrada Escritura, a no ser que el ejercicio de este acto de santidad contravenga el decreto sobre la infalibilidad pontificia.

 

Refutación de la 23: Es de cajón que los perfectos no necesitan remisión de ninguna naturaleza, a no ser que la necesite el propio Cristo. Afirmando que sólo los perfectos se merecen la Absolución Universal se niega el Poder del Hijo del hombre para sellar sentencia Final acorde a su Libertad Divina. Pero si de lo que se trata es de saber si el obispo de Roma tiene el Poder del Hijo del hombre entonces lo que hacemos es rebajar nuestra inteligencia a la de los demonios, que pidieron para sí la Igualdad con la Naturaleza Divina.

 

Refutación de la 24: No teniendo Cristo necesidad, por su perfección, de remisión plenaria de ninguna naturaleza, no existe engaño cuando se predica que todos, por nuestra imperfección, necesitamos del perdón de nuestros pecados.

 

Refutación de la 25: No puede afirmarse ni refutarse por la Sagrada Escritura que el obispo de Roma sea padre ni santo, así que con menos razón puede encontrarse en la Sagrada Escritura que el obispo de Roma tenga más o menos jurisdicción sobre las almas de nuestros difuntos que cualquier sacerdote de aldea. Volver a meterse con los muertos es una falacia.

 

Refutación de la 26: Se puede demostrar por la Escritura que el obispo de Roma en colegialidad con los obispos de todas las iglesias tiene las Llaves del Reino de los cielos.

 

Refutación de la 27: Se puede demostrar por la Escritura que la Fe ni se compra ni se vende. Pero no se puede refutar por la Escritura que por la venta de sus bienes y distribución entre los pobres el rico compre la salvación de su alma.

 

Refutación de la 28: No hay que invocar a la Biblia para saber que en creciendo la riqueza de la Iglesia creció la avaricia de sus obispos. En cuanto a si la Intercesión por las almas de los muertos depende de la voluntad de Dios ¿qué no depende de la Voluntad de Dios?

 

Refutación de la 29: Esperaremos a preguntarle a los santos Severino y Pascual.

 

Refutación de la 30: ¿Cómo puede demostrarme a mí nadie mi seguridad o mi desconfianza sobre mi propio arrepentimiento? ¿Qué se supone que soy, tonto? ¿Este era el concepto que Lutero tenía de su pueblo?

 

Refutación de la 31: Y como ya dije y me repito, ojalá que de esos penitentes que se odian a si mismos de por vida y se administran una buen paliza de vez en cuando para no dejar de odiar a todo el mundo, ojalá que de estos no quede ni uno al presente. Si alguno de los herederos de Lutero puede demostrar que la Sagrada Escritura el cristiano que busca es ése, que lo demuestre dándose una paliza en público.

 

Refutación de la 32: “Serán eternamente condenados...” Heil Luther, moriturum te salutam.