...Sixto
IV, de nombre de pila Francisco de la Rovere, italiano por
supuesto, romano imperator de la cuna hasta la tumba, pasó
por la orden de los franciscanos antes de alcanzar la gloria
del que es como los dioses, conocedor del bien y del mal.
A los 50 años de edad fue elegido General de los
Franciscanos. Tres años más tarde Pablo II
lo hizo cardenal. Y sucedió a su padrino en el 71.
Esperanza
vana era la del cristiano que creía en el Papado.
A uno malo le sucedía otro peor. Los nortes de este
General Franciscano fueron su familia y la gloria del Papa.
Pensando en la primera a sus sobrinos los nombró
obispos, cardenales y lo que quiso, con todo lo que ello
implicaba, poder, dinero, propiedades. En cuanto a la segunda
causa Sixto IV no dudó en dirigir la nave del Vaticano
contra la corona de Francia, que le debía la obediencia
de la iglesia galicana a la doctrina de la superioridad
suprema del obispado romano sobre todas las metrópolis
cristianas del Reino de Dios.
Luis
XI se negó en rotundo a apartarse de la Doctrina
Sacrosanta de Constanza en nombre de la gloria de una república
cristiana fundada según el modelo del sumo pontificado
legado por los romanos imperators a los sucesores de San
Pedro. Doctrina de dudosa divinidad. Tanto más dudosa
cuanto más profundo era el delito de los papas contra
el Honor a Dios debido por sus siervos.
Si
a una pena se le suma otra pena se forma una pena muy grande.
Sixto Sixto Sixto Sixto, Sixto IV para sus adoradores, vivió
una pena más grande todavía. Si a dos penas
se le suma otra y a las tres una cuarta la pena del que
tiene dos penas se dobla. Y es que la pena de aquel dios romano es
imposible de calibrar. Todos sus sobrinos cardenales le
salieron rana. Y tenía tantos... A pena por cabeza
el pobrecito papa sufrió una pena más grande...Es
verdad, al papa Sixto IV sus sobrinos cardenales le salieron
todos rana. No les bastaba a semejantes sapos vestir la
púrpura y haber sido creados a la imagen y semejanza
de Dios por un dios humano, además tenían
que demostrar que eran como dios, para lo cual debian escupirle
sus actitudes fornicarias, adúlteras, sodomitas y
hechiceras en la cara a Dios.
Entonces, si a una pena se le suma otra y se hace una
pena muy grande, por la misma ley si a una osadía
se le suman dos el valiente deviene un héroe. Por
esta sencilla ley para parvulitos todos los sobrinos cardenales
del divino papa fueron héroes.
Y
es que matar para probar el dulce sabor de la sangre humana
es de locos. La sangre humana ¿depende de en qué materia
y lugar se beba es más o menos dulce? El sitio ideal
para beber la sangre humana es la iglesia. Entre sus muros
la sangre sabe mejor. No sé quién le daría
semejante consejo satánico a los cardenales romanos,
posiblemente su tito el papa. El hecho es que querían
saberlo por experiencia.
Basiliscos,
hijos de un dragón que paseaba su gloria maligna
por toda la Tierra buscando donde plantar su Cizaña
infernal, los hijos del Infierno encontraron en los sobrinos
del jefe de la iglesia romana tierra buena; fruto de cuya
siembra sería el episodio conocido con el título:
La Conspiración de los Pazzi. Eran cardenales y obispos
pero se atrevían a planear crímenes y se conjuraban
para ejecutarlos entre los muros de las iglesias. Así
y todo seguían siendo cardenales de la iglesia romana,
pero ante Dios y su Hijo jamás fueron miembros de
la Iglesia Católica. Sobre todos ellos y su cabeza,
el papa, pesa el juicio del Hijo del Hombre: “Apartáos
de mí, malditos, obradores de iniquidad”.
Como
todo el mundo sabe la causa tras la bendición de
la iglesia romana al asesinato de los Médicis se
descubre en la negación de Lorenzo el Magnífico
a concederle otro crédito al Papa. Negarle algo al
todopoderoso pontífice romano, sin el cual no había
salvación, era una ofensa a la Santísima Trinidad,
y en consecuencia el papa y sus sobrinos se plantearon la
caída de Lorenzo y su familia empleando como brazo
armado la familia Pazzi. La idea del papa era aprovechar
la coyuntura para dar un golpe de estado contra la república
de Florencia y ponerla bajo el control del cardenal Rafael
Riario, su sobrino del alma. El complot falló. De
los dos hermanos sólo cayó uno y el que quedó
se llamaba Lorenzo el Magnífico.
Dulce
es la sangre, pero más dulce es la venganza. Conocedor
del cerebro detrás del brazo, Lorenzo mandó
ejecutar al arzobispo de Pisa, devolviendo el golpe a rajatabla:
ojo por ojo, diente por diente. La respuesta del verdadero
cerebro criminal tras la Conspiración de los Pazzi,
el mismísimo papa, fue encerrar bajo el anatema a
Florencia y luego declararle la guerra durante dos largos
años. No contento con este delito contra el Decreto
Divino: "Baja la espada, Pedro", el belicoso Sixto IV bendijo
la guerra entre Venecia y Florencia a condición de
serle entregada Ferrara a otro de sus sobrinos cardenales
del alma.
Desgraciadamente los príncipes italianos acabaron
por abrir los ojos, le vieron los cuernos al demonio que
se sentaba en la Silla de San Pedro y firmaron las paces.
Sixto IV estuvo a punto de excomulgarlos a todos por herejes
y no creer que la Voluntad del papa es el Verbo de Dios.
A su tiempo sin embargo, cuando los tiempos estuviesen maduros,
la doctrina de la igualdad entre el Verbo de Dios y la Palabra
Infalible de los papas, se haría. Y así, por
igualdad matemática, el papa sería Dios entre
nosotros.
No todo iba a ser negativo en aquel demonio de papa.
El hombre contrató a Miguel Angel para que le decorara
la Choza Sixtina y embelleció la Ciudad Eterna donde
mora Dios Infalible en la Tierra con otros monumentos épicos
por los que pedimos la absolución para sus crímenes.
Amén.
Y se murió.
..Inocencio
VIII (1484-92)
Inocencio
VIII, de nombre de pila Juan Bautista Cibo, genovés,
descendiente azul de una rancia estirpe de senadores imperators,
puso su nombre en la lista de los papas tras la muerte del
anterior. La carrera eclesiástica de este príncipe
de la vieja escuela en el seno de las tinieblas romanas
se puede dibujar en el papel de los siglos sin preocuparnos
demasiado de los renglones torcidos sobre los que su estela
se movió de palacio en palacio.
...Pablo II lo hizo arzobispo
de Savona, por cuánto dinero no viene a cuento. Sixto
IV lo hizo cardenal por la suma a la que se compraba y se
vendia la púrpura. El precio variaba en función
de la renta y los beneficios. Hombre de su tiempo se movía
en la corrupción como gusano en agua fétida.
El genovés Juan Bautista Cibo fue elegido papa un
29 de Agosto del 1489, con el nombre de Inocencio Inocencio
Inocencio Inocencio, ocho veces, o si se prefiere Inocencio
VIII. Contra lo que se pudiera esperar de su nombre, Inocencio
Incencio Inocencio...de inocente no tenía un pelo.
...Siguiendo la moda al uso
nada más ser coronado habló del turco. Los
cristianos ya estaban curados de sorpresa y sin embargo
se vieron sorprendidos cuando el mismo Inocencio VIII que
echaba pestes del turco aceptó conservar bajo su
custodia al hermano rebelde del sultán de Constantinopla.
Se dice que contra 40.000 ducados de oro al año.
Este era el nuevo santo padre de los romanos. Esto era un
papa de verdad, lo peor de la condición humana elevado
a lo más alto de la conciencia cristiana, el Diablo
huyendo de Dios que había encontrado refugio entre
las misericordiosas fibras del corazón de la iglesia
romana.
...Entre sus otras gestas figuran
su bendición a la coronación de Enrique VII,
padre de Enrique VIII, su decreto contra los magos y las
brujas, elegir a Tomás de Torquemada como Gran Inquisidor,
llamar a cruzada contra los Valdenses exhortando a la masacre
sin perdón. Y otras gestas similares o más
grandes, entre las que una legión de hijos de las
más diferentes mujeres le valieron el chiste de,
si no por sus actos, al menos sí por sus bastardos
ser llamado padre de Roma. Teniendo en cuenta la broma nos
podemos imaginar la vastedad que alcanzó el nepotismo
y la corrupción en los medios pontificios. Sin esta
imaginación sobre la mesa es imposible comprender
que el próximo papa se hubiera atrevido a escupirle
a Dios en pleno rostro. Lo llamaban Alejandro VI Borjia. |