...Eugenio
IV, de nombre de pila Gabriel Condulmero, nació en
Venecia en el 1383. Hijo de una familia de comerciantes
entró en la orden monástica de los Celestinos,
si por iniciativa vocacional o por imposición del
sistema de castas occidental, un hijo para el Estado, otro
para las armas y otro para la iglesia, no se sabe. El hecho
es que los Celestinos fue una orden sui géneris dentro
del universo de las órdenes eclesiásticas
medievales italianas. Celestino, fundador de la orden, fue
papa durante un año, el 1294. Su historia es tan
singular como su orden y su vida tan curiosa como su muerte.
Su nombre verdadero era Pedro Morón. Nació
en el 1215, y fue el hijo de un tal Angelario, campesino
de la comunidad napolitana, provincia de Molina. A los 17
años Celestino se metió en el convento benedictino
de los Faifolis de Benevento, y enseguida se convirtió
en un portento por su carácter superascético.
En el 1239, con tan sólo 24 primaveras se retiró
en plan San Antonio a una caverna del monte Morón,
donde se pasó los siguientes cinco años luchando
con sus demonios. Purificado por la victoria regresó
a este mundo de pecadores. Pero lo mismo que la cabra tira
al monte Pedro Morón regresó a su vida de
cavernícola, esta vez con dos de sus colegas, con
quienes compartió cueva en las Montañas del
Sur. Y desde allí fundó la Orden de los Celestinos
en el 1244.
...Aunque
parezca increíble, al morirse Nicolás V los
cardenales le eligieron papa a él, Pedro Morón.
Cuando le dieron la noticia Pedro el Ermitaño se
negó en rotundo a abandonar su cueva. Fue necesaria
la intervención de los reyes de Nápoles y
Hungría para sentarlo en el trono de Roma y coronarlo
papa un 29 de Agosto del 1294. Pedro Morón tomó
el nombre pontificio Celestino V. El 13 de diciembre del
mismo año Celestino V renunció a la corona
de Roma. Pero antes firmó dos decretos, en el primero
confirmaba el encierro de los cardenales durante la elección
del papa, en el siguiente y último decreto los obligaba
a encerrarse a raiz de su dimisión irrevocable. ¿Las
razones? “El deseo de una vida sencilla más
pura, de una conciencia sin mancha, deficiencia de fuerzas
para el cargo, su ignorancia, la perversidad de…”,
dijo, y como lo dijo lo hizo. Una actitud increíble
en un papa. Tan increíble que su inmediato sucesor
lo atrapó, lo mandó encarcelar y dejó
que se muriera de peste por cobarde y traidor a la causa.
...Este Bonifacio VIII sí
llevaba en su frente la marca de los papas. Eso era un papa.
Y todo papa que se preciare de serlo debía demostrar
que valía para el crimen. En los prolegómenos
de la Primera Pornocracia esta propiedad quedó establecida
condición sine qua non indispensable para alcanzar
la jefatura de la iglesia romana. Lo demás, ser perros,
fornicarios, hechiceros, homicidas, venía de por
sí.
...Total, esta es la orden
de los Celestinos a la que confiaron el alma de su hijo
los padres de Gabriel Condulmero, futuro Eugenio IV. La
carrera pontificia de Gabriel entró en vía
de alta velocidad durante el pontificado de su tito Gregorio
XII. Este Gregorio XII y el difunto Celestino V fueron las
dos caras de la moneda que Pedro, por orden de Jesús,
sacó de la barriga de aquel pez legendario. Gregorio
XII fue elegido papa por un cónclave compuesto por
sólo quince cardenales. Fue elegido con una condición
-como si a Dios se le pudiera imponer tesis- que su rival
de Aviñón, Benedicto XIII, renunciase a la
corona pontificia, y abriese un concilio contra el Gran
Cisma de Occidente. De hecho los dos papas entraron en conversaciones
y quedaron en Savona para llegar a un acuerdo. Buena voluntad
no faltaba. Lo que sí brillaba por su ausencia eran
los hechos. Ese concilio nunca tuvo lugar. Ni que decir
tiene que mosqueados por esta traición a la palabra
dada los quince cardenales empezaron a pronunciar otro nombre.
Astuto como un papa Gregorio XII, como si fuera Dios y la
Iglesia su reino, contraatacó creando cuatro nuevos
cardenales. Corría un 4 de Mayo del 1408. Pero si
el delito era grave el delincuente agravó su crimen
delante del mundo al conocerse que los cuatro cardenales
eran sobrinos del jefe de la iglesia romana, revelándose
así por espíritu infuso otra de las cualidades
pontificias, ser un Judas, traidor a su palabra y a la confianza
depositada por la Iglesia Católica en su persona.
...Lo llamaban santo padre.
Eso era un santo padre. En una palabra: el Papa.
...Traicionados por sus respectivos
elegidos, tanto los cardenales del papa de Aviñón
como los del papa de Roma decidieron elegir uno nuevo y
cerrar la historia del Gran Cisma. Convinieron en quedar
en Pisa e invitaron al Concilio a ambos enemigos de la doctrina
divina, la que dice que la palabra es Dios y el hombre fue
creado a imagen y semejanza de Dios.
...Obviamente ni el papa ni
su antipapa se presentaron en Pisa. Peor aún, Gregorio
XII se armó de la espada de San Pedro y amenazó
a los cardenales con la pena de excomunión y muerte
por herejes, sentencia inefable e infalible a cumplir por
su verdugo a sueldo para la ocasión, un príncipe
llamado Malatesta -el nombre le convenía al caso,
cosas del destino-. El 5 de Junio del 1409, temiendo más
a Dios que a un traidor a su palabra, los cardenales depusieron
a los dos santos padres y eligieron a Alejandro V como nuevo
obispo metropolitano romano. Más grande que el Señor
de la Iglesia Católica el tal Gregorio XII, bajo
cuya bandera comenzara su meteorítica carrera hacia
la curia Gabriel Condulmero, futuro Eugenio IV, creó
diez nuevos cardenales y declaró herejes y perjuros,
enemigos públicos de la iglesia romana, a los dos
papas contrincantes.
...Dado este caos Segismundo,
emperador del sacro imperio romano, intervino para apoyar
el Concilio que puso fin al Gran Cisma y declaró
delante de Dios y de los hombres que el Concilio Ecuménico
tiene autoridad sobre toda la Iglesia, incluído en
el lote el obispo metropolitano romano.
...Obviamente esta verdad no
tardaría en ser combatida y crucificada por los próximos
jefes de la iglesia romana. El hecho es que el Concilio
de Constanza fue un triunfo para Gregorio XII, padrino del
futuro Eugenio IV, porque, aunque hubo de retirarse, impuso
sus nombramientos cardenalicios al Concilio. Gracias a cuya
imposición y aunque solo tenía 32 años
de edad conservó su categoría de cardenal
obispo su Gregorio Condulmero.
...Sin razón, por lo
que se ha visto, concibió Gabriel Condulmero contra
la familia del nuevo papa Martín V un odio que si
no le conviene a ningún cristiano menos al sucesor
de San Pedro en la Cátedra de la infalibilidad ex-cathedra.
La familia de la que provenía el papa Martín
V Colonna y la iglesia romana estaban unidas por lazos que
se remontaban al 1192, cuando uno de sus miembros alcanzó
el cardenalato. Descendientes de los condes de Túsculum
los Colonnas cultivaban contra los Orsinis una enemistad
tradicional entre cuyas madejas los Condulmeros no tenían
porqué meter las manos. Dos papas Orsinis, Celestino
III y Nicolás III, hacían bueno el perdón
para el papa Benedicto XIII Orsini, el enemigo jurado del
Gregorio XII al que en nada le iba la vieja y querida enemistad
Orsini-Colonna. De hecho Martín V Colonna no sólo
no molestó al futuro Eugenio IV sino que además
confirmó el valor de todo lo que su tío el
papa Gregorio XII hizo. Pocas razones tenía por consiguiente
el futuro papa Condulmero para ganarse la enemistad de una de las
familias más poderosas de Italia y envolver al papado
en el corazón de sus intrigas odiosas.
...A la muerte del tercer papa
Orsini fue elegido el sobrino de Gregorio XII con el nombre
de Eugenio IV. Como era de esperar en alguien capaz de mezclar
odio a los hombres y amor a Dios en el mismo cáliz,
bajo la política del nuevo papa las fuerzas del vaticano
se concentraron en una dirección. ¿Qué
otra podía ser sino perseguir y crucificar el decreto
por el cual el Concilio Ecuménico de las Iglesias,
de acuerdo a la palabra de Dios: “Donde estéis
dos en mi nombre estaré yo” por ser Apostólico
eleva sus decisiones sobre las decisiones del jefe de la
iglesia romana? Aboliendo la divinidad de la palabra del
Hijo de Dios quedaba sólo glorificado él,
el único, el incomparable, el sólo infalible
y todopoderoso obispo de Roma, su divina santidad, el santo
padre, el Papa.
...Consecuente con su política
de autoglorificación el papa Condulmero disolvió
el Concilio de Basilea que ordenara el papa Colonna, y ordenó
que se celebrara uno nuevo en Bolonia. Lógicamente
los reunidos en el nombre de Jesús en Basilea se
negaron a renunciar a Cristo y confesaron ante Dios y los
hombres que el Concilio Ecuménico tiene valor universal
y no puede ser derogado ni contradecido por un obispo particular,
sea el metropolitano de Roma o el de Moscú, el de
New York o el de Madrid. No es Cristo quien tiene que obedecer
a Pedro, sino Pedro quien tiene que seguir a Cristo. En
este caso Jesús estaba en Basilea.
...Estúpido decir que
su divina santidad Eugenio IV se negó a ir, y no
sólo se negó a doblar sus rodillas delante
de su Señor sino que además, en Ferrara, el
8 de Junio del 1438, declaró a Cristo, que estaba
entre sus obispos, hereje. La respuesta de Cristo fue fulminante
y 17 días más tarde el anticristo Condulmero
fue expulsado de la Iglesia. En su lugar fue elegido Félix
V.
...Días malos eran aquéllos.
Al frente de su cuerpo cardenalicio el jefe de la iglesia
metropolitana romana, como ya antes lo hiciera con la iglesia
ortodoxa arrojando sobre ella el anatema, el Iscariote Condulmero,
cabeza visible de aquel cuerpo que no era el de Cristo sino
el de la iglesia romana, ad maiorem inferno gloriam desafió
a Cristo a quitarle al Sucesor de Pedro la jefatura que
ni Dios le quitara a San Pedro. Quitándosela, el
Hijo se rebelaría contra el Padre y todo el Poder
sería para el Papa. ¿No era astuto el Diablo?
...El mundo vivió alucinado
aquella lucha del papa Condulmero por poner de rodillas
a Cristo. Francia y Alemania no dudaron en poner en práctica
la doctrina de Cristo establecida en el Concilio de Constanza,
cuyos decretos porque Cristo es sempiterno tienen valor
eterno. Sin embargo el obispo romano legítimo, Félix
V, demostró pronto no saber pronunciar el vade retro
Satán con la energía necesaria. Mientras la
acción de Félix V apenas si dejaba huellas
los pasos del hombre que valía para ser papa a la
usanza romana, criminal sin ser un monstruo, ladrón
sin ser expoliador, traicionero sin ser diabólico,
condujeron a Eugenio IV de regreso a la Roma de la que fuera
expulsado. Poco a poco los intereses políticos de
los reyes de Francia, Alemania y España volvieron
a coincidir con los del papa Condulmero, y sin prisas pero
sin pausa bajo el peso de las coronas europeas la Iglesia
Católica fue de nuevo puesta de rodillas al servicio
de la ambición de un sólo hombre. A su muerte
se sentó en el trono de dios en la Tierra el que
sería llamado Nicolás V. |